Viajando en una Marquencita (La niña Wolfi)

Eran las 3 de la mañana y yo seguía jugando Diablo 3, mientras en un par de horas tenía que salir de viaje rumbo a Xela (Quetzaltenango), el plan era dormir una 3 horas, para ya estar saliendo de mi colonia a las 6:30 de la mañana, pero cometí un error, poner la alarma del Ipad a las 6, pero PM.

Mi alarma alterna me despertó, mi gato, yo pensé que todavía era temprano, eran las 7:20 am, ya eran más de una hora tarde para llegar a mi destino, como pude me arregle, agarre mi mochila e inicie mi viaje hacia Xela.

8 y algo de la mañana ya estaba en el trébol, donde se ponen las camionetas que van rumbo a occidente, por suerte iba saliendo una camioneta que tenía lugar libres, así no tenía que irme parado en un viaje de 4 a 5 horas.

La camioneta de ruta Marquencita iban algo vacía que se quedó esperando pasaje en el trébol y parando llegan los “vendedores” que si no les compras te intimidad o te quieren asaltar, con su típica palabra “Miraaa, yo antes me subía a los buses con una pistola a quitarte tus pertenencias, pero miraaa!, ya hemos cambiado, échanos la mano”, mismo discurso se repetía una y otra vez, vendedor tras vendedor, en fin, en el camino de la Roosevelt es el que más odio, por la fama que tienen de asaltar a buses extraurbanos y urbanos, pasada la parte critica de Mixco, ya me pude relajar. Con audífonos puestos y escuchando algo de música electrónica apreciaba el paisaje y dando un vistazo a la gente que iba a la par mía y en los lugares de enfrente y atrás, nadie sospechoso, pero siempre atento a cualquier actividad rara, fue en ese momento que vi a una niña durmiendo en los brazos de su madre, una niña indígena que tenía puesto en suéter color morado brillante, la niña ya pasado la parte calorosa de Chimaltenango, ella ya estaba desesperada por estar en un mismo lugar, estaba inquieta, parecía perrito queriendo salir, tanto que ella abrió la ventana de su lugar y saco la cabeza, fueron más de dos horas que la niña tenía la cara afuera disfrutando el viento en su rostro, un viento frio, tan frio que tenía 2 suéteres puestos por el viento que me pegaba directo porque la niña quería tener la ventana abierta, ella estaba tan contenta que su mamá le decía “Mija ya éntrate, mira como tenes la cara, toda fría y estas llorando, éntrate ya”

La niña no hizo caso a la orden de su mamá, solo se limpió las lágrimas que tenía que le salieron, producto del viento en su rostro y saco la cara nuevamente, con su rostro de felicidad y la lengua afuera, parecía perrito, me dio tanta risa porque yo estaba viendo cómo se divertía la niña, ya llegando a Cuatro Caminos (Totonicapán) ellos se preparaban para bajar del bus, pero la niña se quedó un momento viendo al horizonte, una seriedad en su mirada que no tenía durante las más de 4 horas de camino.

Fui bonito recordar lo que fue haber sido niño, no me arrepentí de haberme despertado tarde, de no ser así nunca hubiera pasado esto y por eso ella es una niña Wolfi.

 

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